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miércoles, julio 08, 2009

L a C h a l i n a


Quien quiera que fuese hasta esa puerta y golpease con inscrita decisión sin correr luego, sería. Tendrías que esperar a que alguien saliese a abrir. Esto solo sucedería si llegases a tiempo. Tú, tan impuntual. La puerta sonaría fuerte, una capa como lata desvestida de la madera quedaría solitaria en el piso durante la apertura. La imagen transcurriría lenta y muchas catástrofes seguirían sucediendo en el mundo, como dentro de un estómago mórbido con cinturón apretado. Nadie te echaría de menos si es que vas y te acercas, ningún vecino se daría cuenta, nadie llamaría por teléfono. Pasarías a estar muerto durante un episodio, durante un sueño, durante cada respiro que sigas dando posterior a la decisión de ir. De asistirla. El tiempo no entra a esa casa ya, siguió de largo luego de esperarla fuera de la puerta. Ella de vez en cuando mira por la ventana cuando todos duermen caminando, hace señas, pide auxilio lanzando besos, sus manos casi tocan la ventana y nadie acude, se van sin ella. Cada día se levanta, barre la alfombra roja, sacude el polvo de los sillones, de la mesa, las sillas y el que se acumula de tanto en vez sobre su hombro. Cuando comienza a desenrollarse la noche ella prende la vela blanca con la cual se alumbra la habitación inhóspita mientras teje una telaraña. Una chalina que fue para quien llegase heroico a buscarla pero que hoy solo sirve para la entretención de los insectos guardianes del espacio sideral que se vive adentro. Sus labios carmesí que un día sirvieron bondadosos besos a granel hoy se exhiben tras la ventana como objeto de anticuario. Sus besos instantáneos, intactos, sobornables por un poco de amor. Ella se sienta en el sofá de plumas que toce plumas cada vez que sus ligeras caderas desatornillan los vaivenes de su paso tartamudo por la casa una y otra vez sobre el cojín de cuero marrón y se queda ahí durante muchas gargantas apretadas, su pecho es un tanque de nitrógeno agitado por el agónico anochecer de no ser parte de nadie. Ni de ella misma cuando la vela la encuentra primero al terminarse. Al apagarse otra espera. Sus manos en oscuridad fueron una extensión del viento, como ramitas tambaleándose bajo la lluvia, buscando el auxilio de otras ramitas que no le permitieran caer al abismo de sus suelos fríos, con la ilusión intacta de caer sobre otras manos que cerraran la llave del cielo que gasta tanta agua sobre su cabeza. Sus cabellos negros como hilos que mantienen cerca a una de otra estrella, siempre arreglados, listos para soltar milagros , listos para liberarse del mismo escenario sigiloso de la tragedia, esperan. Alguien detrás de ella se pregunta quién morirá hoy. Todos los días se escucha la misma pregunta. Ella ya no tiene apuro, si las cosas envejecen, envejecemos. Si algo rejuvenece, se abriría esa puerta y el tiempo volvería a transitar por estas avenidas de atrofiada realidad. Una pierna se posiciona sobre la otra pierna y encajan perfecto, su falda se levanta levemente y en la penumbra su piel blanca tiene tantas invitaciones sin llevar al correo, su piel como infinitas páginas sin escribir, pálida, con palabras guardadas en la intercepción de esas dos largas páginas sin memoria. Le ha hecho un punto cruz a la telaraña y la ha dejado a un lado de la blanca cortina de tul que toca el suelo. Algo toca fondo y en caída libre desde su ojo logra escapar una lágrima tan fuerte y tan llena que hasta ella se sintió más liviana. Un rayo de luz se abre entre los cielos y atraviesa todo a su paso hasta dar certero con su ventana. Sus lágrimas desencadenaron un goteo monumental que empapó las maderas y de estas rápidamente se liberaron las raíces de los árboles que vivían en el subterráneo de su vida. Ella se puso de pie sin poder sostener el agua entre sus manos y desde su garganta, abriendo la boca hacia el techo, volaron cientos de aves doradas, aves grandes de cuello largo, de plumas siderales, de patas continuas del viento. El techo se abrió en un parpadeo y en la luz las aves desaparecieron. Milésimas después su blusa estalló, su pecho se partió en dos con el rayo de luz, decenas de caballos salvajes urgentemente también desaparecieron. Esa noche. Empapado, a él costó despertar por la mañana. Sus pies se bajaron hasta los zapatos de los pies y caminaron recto, giró la manilla y salió apurado dejando la puerta abierta. Siguió sin freno entre el mar de gente que se tambaleaba de un lado hacia otro. Su corazón de caballos hacinados. El pecho al vacio, sus piernas urgentes hacia la casa del sueño. Ya en frente reconoció esos árboles, un marco de ventana en la tierra y una extraña chalina enredada en un trozo de madera que le esperó, tanto tanto.

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jueves, junio 25, 2009

CartadeAmorparaTiraralViento


Quién sabe
Qué hay dentro de tí tan distinto a ayer.
Qué palabras se te cayeron de la boca
Como despertándose de un mal sueño
Qué bomba te explotó adentro
Qué universo se creó por la noche tan lejos.
Quédate
Siempre quédate antes que te vayas
Y si te quedas y ya te fuíste
Se me repite la mañana
Como un dejavú con reloj de pulsera
Sin más rastro de ti que todo lo que ven mis ojos
Cuando no estás.

Compondré un par de canciones para el baile de las hojas
Escribiré cartas de amor para que el viento te elija en otros abrigos
Pintaré una ventana para que salgas huyendo.

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C a u s a l i d a d e s



CAUSA Y EFECTO



Tú planta semilla con dos manos
Si no
Sólo morirás.
La lluvia caerá de abajo hacia arriba y
Los pájaros recogerán el cielo
Y seguirán su itinerancia a otro planeta.

De guardarte esas semillas en el sombrero
Se te secará la cabeza y rodará
Trayendo sequía a la tierra.
Más agua de abajo hacia arriba
Se te partirá en dos la razón:
En Causa y Efecto.

Y si tiras las semillas a un lado del camino
Por no irte con el peso
Caerá un rayo desde el mar
Y te partirá en dos
Sólo serás de espejos
Y la historia se repetirá en infinitas ocasiones.

Tú planta semilla con dos manos
Y pájaros traerán bandada de estrellas
Volverán a tejer nubes y trazar horizontes
Tenderán el cielo y tenderán encima estilando el mar
Y para cuando todo eso ocurra
Explícaselo bien a tus hijos.



DE ESTA PÁGINA ANTERIOR



Llegué.
Me cortaron del cielo los suspensores
Entré sin saber volar en mí
En un punto del camino donde pocos quedan de oro
Y el resto se desvanece en la humedad.


Me tumbo de espaldas contra la pared
El pavimento
El acero quirúrgico
Caigo sobre mí y me aplasto el pecho con el pecho
Me tapo los gritos de la lucha y embargo el respiro.


Doy vuelta a la esquina
Y me encuentro conmigo tirándome un vaso de agua
De adentro hacia fuera
Entonces
Comienzo a correr con dos sombras
Pegadas como muletas a la cabeza
Y una mano semitransparente sosteniéndome el Corazón
Que a ratos se sale.


Hoy traje un martillo y
Me pregunté si quería jugar al rompecabezas.
Entre tirando el juguete por la popa e
Inmediatamente me construí un barco de papel.


Las piernas pareciesen extensiones del viento
Que tiritan en la puerta y las veo aquí.
Abro los ojos y ya no están.


Entro a la casa esperando encontrar tu rostro
Sujetado en el aire que me certifique
Que aún soy la extraña de la mañana.
Y me tomas en un beso
Como fotografía que se me repite a cada segundo
Entre las explosiones de mi mente que liberan
Pensamientos antiguos
Pensamientos con jaula incluida
Pensamientos armados
Y lo que el tiempo piensa de mí.


Afortunadamente
Me reconoces
Saliendo casi en extinción
De ese subterráneo
Al ganarme otra batalla
Hoy
De esta página interior.

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jueves, junio 18, 2009


P a r t e d e M í


Mi lado es el más grande de la cama

Irremediablemente

Cuando llego a casa me siento minúscula

Incomodante al ropero

Y las gavetas vacías.

Antes de entrar a este lugar soy la más grande

Aplaudida por las palomas desde el pentagrama eléctrico

Alabada por la asociación de perros guardaespaldas en la calle

Sonreída desde los cielos

Todo bien

Made in Maravillas.

Hasta que llego a este cuarto repleto de rincones recordados

Que un día estuvieron llenos

Volver a encontrarme con esta parte de mí que creaste a tu medida

Que me mira sin voz

Con expresión urgente pidiendo salir por la ventana

Y devolverse a ese lugar

Donde van todos esos trozos del alma

Que personas como tú

Han amado.

El tiempo cuando no duerme se queda toda la noche

Yo cruzo los dedos coronarios porque no haya ningún otro corte de luz

O te prometo…

Me pongo a llorar las ¾ partes del mundo.

Irremediablemente.





Nota: Abrazos, Cariños y Bendiciones Multitudinarias, les quiero : )

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jueves, junio 11, 2009



E l C l a v a d í s t a


Un Clavadísta esta a punto de saltar. A su alrededor la aglomeración de gente expectante no puede ser mayor. Todos los medios del D.F. han publicado en sus portadas el suceso. Los otros concursantes sin admitirlo se dan por vencidos un día antes de la competencia, de todas formas asisten. Hay un día de sol esplendoroso que rebota en las gafas de sol con espejos del espectador allá en la esquina, el tipo de cabello dorado y tez colorada, remera blanca con líneas horizontales azul y verdes, pantalón café claro, cinturón de cocodrilo. También el sol choca con su casi Rolex. Al lado suyo, su hija de 9 años, con dos moñas en su pelo y frenos en los dientes, come un helado de 5 sabores el cual repasa a cada lado con su lengua sin dejar ni un segundo de emitir un desagradable sonido que bien pudiese ser un exceso en su producción de saliva, las amígdalas hipertrofiadas o un tren imaginario con sonido real que pasa por esos rieles sobre sus dientes. Ya cuando le queda solo un sabor, el padre, encandilando a los chicos de al frente con el reflex de sus gafas le pide que no meta ruido, que los concursantes necesitan concentración, o sea, cero ruido, Entiende Caramelito? Ella asiente con la cabeza y espera a que papi vuelva a cegar ahora a los competidores para volver a terminar su helado. Por la noche la vida entera del Clavadísta pasó por su mente en un minuto, como el negativo de una vieja película. El sintió algo en el corazón, una suerte de calambre que no supo bien si venía del cuerpo o del alma. Algo en su interior le avisaba que ya no eran tiempos de saltar, que debía aterrizarle la tranquilidad a sus días. Sentado frente al espejo del tocador en su habitación, desnudo, vio como su rostro en pocos instantes había envejecido, unos 20 años. Se volvió a ver el cuerpo, sus partes deportivas y todo seguía igual, solo su rostro contaba otra historia. Miró a su alrededor y estuvo en la misma inmensa casa que había comprado con el dinero de aquellos premios. Solo que no vio a nadie más. Solo sus manos. Solo dos irremediables manos sobre sus piernas. Aquél jardín con columpios fuera del gran ventanal, vacío. La cocina, polvorienta, intacta, con su himen enlatado. Las habitaciones repletas de ecos que solo él escucha. El colchón, como nuevo. Sus 20 años después le dieron en el pecho y cuando se mojo la cara para despabilar, todo siguió intacto, solo que 20 años antes. Se trataba del titulo mundial, El Titulo Mundial! Maldita sea, Lo habías soñado desde los 7 años, Me vas a decir que ahora tienes miedo? Que es demasiada la altura? Que temes caer entre los roqueríos y pasar a ser una leyenda a lo igual que El Gran Armando Ortiz 20 años atrás? Mejor descansa, falta poco. Una vez en la cama, no logró quedarse dormido, volvió a la cabeza con todo su peso aquella última conversación telefónica del día: Estoy embarazada, vas a ser papá. Ya por la mañana tomó las llaves y condujo sin pensar en nada. A su llegada 12 periodistas le aguardaban con un mar de preguntas. Dedicará a su padre el triunfo Señor Ortiz? Debe estar muy nervioso, está pálido. De su camarín no salió hasta el momento en que su nombre por alto parlante se escuchó fuerte. Se paró erguido, miró al horizonte, respiró profundo tomando calma en el asunto cuando de pronto una luz en su rostro comenzó a encandilarlo. Puso una mano al frente y entre los dedos vio a un hombre de pelo rubio, con aspecto de turista que exhibía su sonrisa de bicarbonato como si fuese la única estúpida mueca que tuviese en el rostro. Exigió a la organización que lo sacaran de ahí rápidamente. Al cabo de 5 minutos de pie ahí sin mover ni un solo músculo, como estatua en exhibición, siendo foco de flashes y pregunta multitudinaria, saltó. Por entre las nubes se vio caer ligero, como alfiler desde lo alto, puntual al océano. Algunos espectadores vieron como 1 roca inmensa se movió sin tapujo hacia la izquierda. Otros lo vieron entrar a las fauces del mar y luego ser devuelto. A ella le devolvieron el alma al cuerpo. Él le dijo que sería la última vez. Su padre gritaría de emoción.